Por: Felipe Correa
El Abismo Digital: Por qué Durango debe liderar la regulación de la IA
La regulación de la Inteligencia Artificial (IA) en México se encuentra en un abismo jurídico. Mientras la tecnología avanza a pasos agigantados, el marco normativo nacional permanece estancado, dejando desprotegida la salud mental y la integridad de los ciudadanos. En Durango, esta orfandad legal no es solo una omisión técnica, es una emergencia ética.
En 2025, la evolución de la IA ha desnudado la fragilidad de nuestra privacidad. La proliferación de deepfakes y la manipulación de la imagen física y sexual se propagan en nuestro estado como un virus silencioso que infecta la seguridad de cualquier persona. No hablamos de ciencia ficción; hablamos de herramientas que hoy mismo están destruyendo reputaciones y alterando la percepción de la realidad.
Afortunadamente, en el Congreso del Estado de Durango hay señales de esperanza. Se ha iniciado un diálogo franco sobre iniciativas para regular la IA, un paso natural para un parlamento que ya ha demostrado su capacidad de vanguardia con hitos como la «Ley Nicole».
Sin embargo, el contraste nacional es preocupante. Entre 2023 y 2024, propuestas como la Ley Federal que Regula la Inteligencia Artificial —que buscaba crear un Consejo Mexicano de Ética— terminaron en la «congeladora» legislativa. Este vacío nacional obliga a las legislaturas locales a tomar la batuta.
El riesgo de la realidad maleable
La velocidad del algoritmo siempre supera a la de la ley, pero esa no es excusa para la inacción. Sin una normativa clara, nos enfrentamos a tres amenazas críticas:
• Post-verdad: Donde las identidades sintéticas aniquilan la credibilidad en segundos.
• Pérdida de autonomía: Algoritmos opacos que explotan vulnerabilidades cognitivas para dictar qué sentimos.
• Ética subordinada: Empresas que sacrifican el bienestar emocional en el altar del rendimiento técnico.
Hacia una normativa centralizada, no basta con poner parches a las leyes existentes. Urge una conversación social abierta que culmine en una normativa centralizada y específica. Debemos prohibir el uso de IA en técnicas subliminales de manipulación y trato discriminatorio, especialmente en lo que respecta a las modificaciones corporales digitales.
Regular la IA no es frenar el progreso; es establecer un nuevo contrato social donde la tecnología sirva a la humanidad, y no donde la humanidad sea el experimento de un algoritmo sin control.
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