por Eduardo Rodríguez
La tragicomedia morenista.
Vergonzoso, por decir lo menos, ha resultado el cierre de filas que los gobernadores morenistas y el dirigente nacional de ese partido, Mario Delgado, realizaron para encubrir al gobernador de Sinaloa y, ante los múltiples señalamientos de los que ha sido objeto, su respuesta ha sido acrítica cuando la hay, aunque prevalece el silencio. Lo anterior solo comprueba una cosa: el país está en manos de una mafia.
Y de las mafias no se sale. No van a soltar el poder jamás, no quieren pero tampoco pueden, porque en ello se les va todo. Todo es todo.
Inútil resulta el intento por debatir en términos jurídicos y académicos con Morena y sus secuaces sobre el tema de la sobrerrepresentación en el Congreso, sin embargo, es importante dejar evidencia de que se discutió, señaló y defendió hasta el cansancio… a pesar de que el final está a la vista de todas las personas.
Morena, con la ayuda de sus subordinados en el INE y el Tribunal Electoral, necesita la mayoría calificada en el Congreso para cambiar la Constitución y sellar con un barniz de legalidad la instauración de un régimen totalitario que los perpetúe en el poder.
De concretarse la toma del Congreso por parte de Morena, sin tener los votos ciudadanos para alcanzar los dos tercios y así modificar el texto constitucional a la medida de sus deseos y necesidades, México quedará en manos de la mafia durante muchas décadas. Y no, tampoco es quedar en poder de un caudillo o dictador, que a fin de cuentas son personas sujetas al ciclo de la vida, sino de una mafia. De ahí no se sale, aunque se quiera.
Veamos un ejemplo: ¿apoco no cree usted amable lector, que Nicolas Maduro quisiera irse a disfrutar los años que le restan de vida en algún exilio como Panamá, Turquia, Colombia o cualquier país interesado en ayudar a poner fin a la pesadilla de los venezolanos? Seguro sí, pero no es tan fácil.
Maduro es parte d una mafia que no le permitiría dejar el poder a la oposición, pues la red delictiva quedaría a merced de la justicia, nacional e internacional. Generales, gobernadores, empresarios, directivos de la petrolera, necesitan el control del Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial de ese país.
A eso se enfrentan las y los venezolanos, esos intereses son los que mueven el país entero y al títere en que se ha convertido Maduro. Sin embargo, nuestra realidad no sería muy lejana si Morena logra que los consejeros del INE y los magistrados del Tribunal Electoral le otorguen 74 por ciento de la Cámara de Diputados luego de haber alcanzado 54 por ciento de los votos.
A la oposición, que obtuvo 42 por ciento de los votos, le quieren dar 24 por ciento de las curules.
El fondo del problema, que con eufemística elegancia se le llama “sobrerrepresentación” y “subrrepresentación”, no es jurídico ni académico. Tampoco ideológico. Es de delincuencia organizada.
Esa misma delincuencia que llevó al poder al hoy gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y no lo digo yo, el mismo lo confesó. ¿En que país del mundo un gobernante afirma que recibió apoyo de parte del crimen organizado para llegar al puesto en el que está? En el mismo en el cual, un comandante de la policía funge como escolta personal de uno de los capos más buscados del mundo y todo, con consentimiento del gobernador sinaloense.
Observamos también como todos los gobernadores de Morena, liderados por el sonorense Alfonso Durazo, cierran filas con Rocha Moya. Es la mafia, si se meten con uno, se meten con todos.
Tristemente, la nueva presidenta Claudia Sheinbaum lejos de terminar con esta tragicomedia en que se ha convertido el país, será una espectadora más, aplaudiendo y solapando lo que le dicte quién se sienta al día de hoy en la silla presidencial. El capo principal de la banda.
Por limpias que sean las intenciones de la próxima presidenta, si el INE y el Tribunal Electoral le dan a Morena una apabullante mayoría ficticia, no habrá manera de liberarnos del poder de la mafia, y ahora sí, irónicamente, López Obrador estaría consolidando su quinta transformación: la nueva mafia en el poder.
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