El menos común de los sentidos por Eduardo Rodríguez.
Claudia, Morena y el totalitarismo.
La iniciativa de supremacía constitucional, propuesta por Morena para “blindar” la reforma al Poder Judicial, fue aprobada por la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados el día de ayer.
Estamos frente al término del régimen democrático y la separación de poderes que prevalece en México para dar paso a la autocracia, en donde la presidenta Claudia Sheinbaum se convertirá en emperatriz o la superpresidenta que concentra todo el poder, además del control absoluto del Poder Legislativo y del Judicial.
De ese tamaño es el impacto que representa la iniciativa que impide que cualquier adición o reforma a la Carta Magna sea impugnada a través de controversias, acciones de inconstitucionalidad o amparos, que se promueve en el Senado por las bancadas de Morena, Partido Verde y PT.
Ya no solo se trata de elegir por voto directo y popular a los próximos juzgadores -competentes o no- sino de aniquilar al Poder Judicial y cerrar toda posibilidad de que ocurra una alternancia en el poder.
Con estas modificaciones constitucionales, la Presidenta podrá promover cualquier reforma constitucional sin obstáculo para ello, y nadie podrá revertirla. Ni los legisladores opositores, ni los ministros, magistrados o jueces podrán quitarle ni siquiera una coma a esas nuevas reformas constitucionales que conformarán la nueva Carta Magna de la 4t que evoluciona a una auténtica autocracia, en donde todo el poder se concentra en una sola persona.
Los infinitos poderes que se le están concediendo a la jefa del Ejecutivo aniquilarán cualquier intento de insubordinación a sus deseos, propósitos e intereses.
Con la supremacía constitucional que se promueve, ni siquiera estaríamos emulando, por ejemplo, a España que tiene una monarquía parlamentaria, en la cual el rey es el jefe de Estado, pero se rige bajo la figura de un Estado democrático y con auténtica separación de poderes.
Esta extraordinaria concentración de poder sin duda fortalece al oficialismo, pero compromete la estabilidad económica, social y política de México, toda vez que los merados y los inversionistas, además de nuestros principales socios comerciales, se retiran de un régimen que tiene el control absoluto sobre el orden constitucional, lo que representa ante cualquier controversia, el gobierno siempre tendrá la razón, trátese de una expropiación, de una estilización o el retiro de cualquier tipo de concesiones.
Podrá meter a la cárcel a quien quiera y justificar la represión y la violación a los derechos humanos de cualquier opositor.
México ya no vivirá bajo un régimen democrático, sino en un hibrido en donde predomina la autocracia con dos remedos de poder, como serán el Legislativo y el Judicial.
Dice Sheinbaum que en apenas 28 días México ya cambió y le doy la razón, porque destruyó la separación de poderes, el régimen democrático y el respeto a los derechos fundamentales. La falacia de todo para el pueblo y por el pueblo, se refiere solamente a justificar el control total del Estado.
Para efectos prácticos, los partidos políticos son un cero a la izquierda en estos momentos en las Cámaras que integran el Congreso de la Unión. Los medios de comunicación viven bajo asedio. La sociedad civil apenas sale de su desánimo. La oposición debe surgir de acciones individuales. Del coraje de ciudadanos que no están dispuestos a entregar el país a la barbarie.
Si los ha visto o conoce alguno, es el momento de manifestarlo. Su país y su gente los necesita.
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