por Eduardo Rodríguez
Hey Sheinbaum, tenemos un problema.
Si pudiéramos resumir el cierre de sexenio de López Obrador en pocas palabras serían: déficit, endeudamiento sin precedentes y un gasto público desmedido.
Los últimos 30 días de gobierno, un periodo en que el Presidente saliente tendrá a su disposición un Congreso en el que probablemente contará con la mayoría calificada para aprobar, al vapor, la destrucción del Poder Judicial, ejecutar una regresión autoritaria del sistema político e incluir en la Constitución diversas obligaciones que implicarán un mayor lastre financiero para el gobierno entrante.
Se frota las manos por dar sus últimas muestras… pero no de triunfo, sino de qué es capaz de aplastar y destruir con la mayor saña posible.
¿Y la Presidenta electa? Mirando y aplaudiendo. No se sabe a ciencia cierta si lo hace con convicción o forzada, pero para el caso es lo mismo, lo hace. Maniatada por Andrés Manuel López Obrador, la primer mujer en dirigir nuestro país se muestra permisiva ante la destrucción de la tierra que heredará.
Lo irónico es que AMLO está creando una crisis para su proyecto sucesorio, misma que alcanzará su apogeo en el denominado “sexenio de un mes” que iniciará también el primer día de septiembre. Gobernará intensamente esos 30 días acumulando innecesariamente una enorme incertidumbre económica, con la certeza de que sus acciones no necesitan tomar en cuenta las reacciones de inversionistas y mercados, total, él ya se va.
Con esa arrogancia que le ha caracterizado durante los últimos años, entregará una papa caliente a Sheinbaum. Qué Dios nos agarre confesados.
La nueva presidenta no enfrentará un peso sobrevalorado, un endeudamiento de corto plazo en dólares en niveles astronómicos ni tampoco un elevado déficit e cuenta corriente, como en su momento le sucedió a Ernesto Zedillo. Lo que sí hereda es un déficit fiscal muy elevado y con una tendencia claramente al alza.
El manejo que realice Claudia está sujeto a severas restricciones, empezando por la alta dependencia que tendrá de su antecesor; ella tendrá el título y la oficina, pero la mayor parte del poder estará donde el tabasqueño quiera.
No hay por que alarmarnos de más, el inicio de sexenio no será tan catastrófico, el 2025 no será otro 1983 o 1995… pero si habrá una fuerte depreciación del peso con una impresionante volatilidad cambiaria, un freno a la inversión nacional y extranjera, una subida a las tasas de interés y una fuerte desaceleración de un crecimiento que de por si, en promedio durante el sexenio, ha sido paupérrimo.
Hey Sheinbaum, tenemos un problema.
No estamos al borde de la recesión como se escucha pregonar a ciertas voces opositoras, pero sí estamos en medio de una crisis con una presidenta que está por llegar al cargo y se verá forzada a compartir su poder.
Hey Sheinbaum, tenemos un problema… y no, desafortunadamente no podrás echarle la culpa a tu antecesor, como lo hacen la gran mayoría de las y los políticos.
Suerte Presidenta, la vas a necesitar.
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