POR: LILY ORTIZ
El inicio silencioso de la contienda política.
En política, los mensajes nunca son casuales y los tiempos tampoco; el reciente encuentro priista encabezado por el gobernador Esteban Villegas Villarreal no puede leerse únicamente como un acto de unidad partidista; es, en los hechos, una señal clara de que el calendario electoral ya empezó a marcar el ritmo en Durango.
Aunque 2026 aún no es año electoral, sí es el año previo en el que todos los partidos comienzan o deberían comenzar a aceitar su maquinaria territorial, ordenar estructuras y definir con precisión quirúrgica cada movimiento interno y externo. El proceso de 2027, donde estarán en juego diputaciones federales y locales, será el primer gran filtro rumbo a 2028, considerado por muchos como la “madre de todas las elecciones” en la entidad: la gubernatura y la renovación de las 39 alcaldías.
En ese contexto, el mensaje de Villegas fue menos retórico y más estratégico; no hay que pasar desapercibido, el llamado a “regresar al origen”, fortalecer la unidad y priorizar perfiles con trabajo probado en territorio no solo apunta a una narrativa de identidad partidista, sino a un criterio de selección política: quien no tenga estructura, respaldo social y resultados, difícilmente será competitivo en lo que viene.
El PRI, al menos en Durango, parece entender que el margen de error es mínimo, y que no hay espacio para improvisaciones ni para candidaturas construidas desde el escritorio. La política actual exige operación fina, lectura social constante y una disciplina interna que evite fracturas anticipadas. En ese sentido, el discurso de que “el partido es más grande que los nombres o los grupos” al menos al exterior se da la lectura de que se busca cerrar el paso a disputas internas que históricamente han debilitado proyectos electorales.
Sin embargo, el escenario no es exclusivo del priismo; todos los partidos enfrentan el mismo dilema: cómo proyectarse hacia afuera mientras reacomodan piezas hacia adentro. Y es ahí donde la advertencia es clara: cada movimiento interno se traduce en un mensaje público. Cada nombramiento, cada exclusión, cada gesto político comunica rumbo, fortaleza o debilidad.
Hoy, en Durango, son muchos los que ya levantaron la mano, pero la realidad política suele ser más cruda que las aspiraciones personales; algunos aspiran, otros suspiran, y no todo el que aspira tiene las condiciones reales ni políticas ni sociales para llegar, pudiera sonar cruel pero es la realidad. La diferencia entre unos y otros no la marca el discurso, sino la capacidad de operar territorio, construir consensos y resistir el desgaste natural del proceso.
A un año de que la contienda comience formalmente, Durango entra en una etapa clave donde el tiempo ya no sobra. Los partidos que entiendan que 2026 es para construir, corregir y depurar, llegarán con ventaja. Los que lo subestimen, pagarán el costo en las urnas.
La carrera no ha iniciado oficialmente, pero el cronómetro ya está en marcha; y en política, quien se queda parado, simplemente queda fuera.
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