Segundo Informe: la primavera y los elefantes en la sala.
Por: Alejandro Flores de la Parra.
Los informes presidenciales rara vez son ejercicios de modestia. Su naturaleza consiste en escoger los mejores números, colocarlos bajo la luz adecuada y procurar que los pendientes permanezcan discretamente detrás del telón. El Segundo Informe de Claudia Sheinbaum no fue la excepción, aunque tuvo una particularidad: varios de los resultados presumidos son reales y relevantes. El problema comienza cuando un buen dato pretende convertirse, por decreto discursivo, en prueba de que todo el modelo funciona.
Sheinbaum presentó un país que avanza hacia la “prosperidad compartida”: salario mínimo al alza, menor pobreza laboral, inflación contenida, desempleo bajo e inversión extranjera en niveles récord. No son cifras menores. El salario mínimo acumula una recuperación real de alrededor de 154% desde 2018; la pobreza laboral se ubicó en 31.9% durante el segundo trimestre de 2026 y la población ocupada alcanzó los 60 millones. La inflación general, además, ha mostrado una trayectoria descendente. Sería intelectualmente mezquino negar esos avances solamente porque provienen de un gobierno con el que se discrepa.
Pero una primavera laboral no necesariamente significa que toda la economía esté floreciendo.
México creció apenas 0.7% en 2025 y comenzó 2026 con una contracción trimestral de 0.6%, aunque posteriormente registró una recuperación. También existe un récord de 34,968 millones de dólares de inversión extranjera directa durante el primer semestre; el detalle menos fotogénico es que 88.5% correspondió a reinversión de utilidades de empresas ya instaladas y únicamente 7.8% a nuevas inversiones. Hay confianza para quedarse; todavía falta demostrar que existe suficiente confianza para llegar.
Algo parecido ocurre con las megaobras.
La Presidenta respondió a sus críticos recordando que el Tren Maya ha transportado 2.5 millones de pasajeros, Mexicana alrededor de un millón y el AIFA 3.6 millones solamente durante el primer semestre de 2026. Son indicadores de utilización importantes y desmienten la caricatura de instalaciones completamente vacías. Pero contar pasajeros demuestra que una infraestructura se usa, no necesariamente que sea económicamente rentable. Un boleto vendido es un dato operativo; todavía no es un estado de resultados.
La misma cautela debe aplicarse a Pemex. La reducción de alrededor de 20,000 millones de dólares en su deuda financiera es una buena noticia, pero ha requerido una intervención creciente de Hacienda y recursos públicos. El desafío no consiste solamente en reducir deuda, sino en conseguir que la empresa pueda sostenerse sin convertir permanentemente al presupuesto federal en su unidad de cuidados intensivos.
En seguridad aparece quizá el resultado más contundente del Informe. El promedio diario de homicidios dolosos pasó de 86.9 en septiembre de 2024 a 42.5 en julio de 2026, una reducción de 51%. Son 44 homicidios menos por día y una tendencia suficientemente importante como para reconocerla sin mezquindades. Otra cosa es atribuir parte del resultado al nuevo Poder Judicial y afirmar que “se nota claramente la diferencia”. Para semejante conclusión hacen falta algo más que aplausos y algunos meses de convivencia estadística.
Pero quizá el mensaje políticamente más revelador no estuvo en la economía ni en los trenes.
“Que nadie se equivoque, aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”, dijo Sheinbaum. En política existe una regla no escrita: pocas cosas necesitan proclamarse con tanta insistencia como aquellas cuya existencia comienza a ponerse en duda. El llamado a la honradez, la austeridad y la unidad llegó cuando Morena enfrenta disputas internas, cuestionamientos por corrupción y el inevitable acomodo de intereses previo a las elecciones de 2027. El Informe fue también un mensaje hacia dentro: hay una Presidenta y pretende ejercer plenamente la Presidencia.
Ese quizá sea el verdadero saldo político del Segundo Informe.
Sheinbaum puede presumir avances sociales, laborales y de seguridad que sus adversarios cometerían un error al minimizar. Pero también gobierna una economía que necesita crecer más, atraer mayor inversión nueva, demostrar la viabilidad financiera de sus proyectos emblemáticos, contener la presión fiscal de Pemex y probar que la austeridad significa eficiencia y no simplemente gastar menos.
México puede estar mejor en varios indicadores y seguir teniendo enormes problemas pendientes. Ambas afirmaciones pueden ser ciertas al mismo tiempo, aunque en Palacio Nacional —como en cualquier Informe presidencial— la segunda resulte bastante menos cómoda.
Porque un gobierno puede ganar el día con buenas cifras y un buen discurso.
El sexenio, en cambio, sólo se gana cuando los resultados sobreviven al discurso.