El menos común de los sentidos por Eduardo Rodríguez
¿Si va cumplir la PresidentA?
Llegamos al día 22 del nuevo gobierno y poco a poco se va perfilando el estilo de gobernar de la presidenta Claudia Sheinbaum, etiquetado bajo la ideología de izquierda, feminista, humanista y proclive a seguir con el empeño de construir el segundo piso de la ¿transformación?
Depende de las filias y fobias de cada quien, asi como del color del cristal con que se mira, pero lo que no se duda es que desde los 100 compromisos que estableció desde el primer día como jefa del Ejecutivo federal, hasta el plan energético y el programa federal de bacheo, Claudia requiere de recursos presupuestarios que, por el lado que se observe, no los tendrá en 2025.
Más aún si ya anunció que no habrá una reforma fiscal que conlleve aumento de la carga impositiva o la creación de nuevos impuestos, o mantener el nivel de endeudamiento que hizo su antecesor, que fue del orden sexenal de 6.6 billones de pesos.
Su margen de maniobra par nuevos proyectos está muy acotado en el Proyecto de Presupuesto para 2025, pues es del orden del 5 por ciento del total, no alcanza literalmente para nada. De hecho, si se cumple la promesa presidencial de reducir el déficit fiscal, muchas de sus propuestas esbozadas en los primeros días de gestión se quedarán cortas o de plano se diferirán para el futuro.
Los gobiernos de izquierda populista tienen como eje principal de su discurso político el regalo de dinero público a la gente, aunque esos recursos vengan de la cancelación de programas sociales en su beneficio, como podría ser el acceso a los servicios de salud, educación, vivienda y apoyo institucional a grupos vulnerables, entre otros.
En este sentido, resultaron extraño que la Presidenta no ofreciera nuevos apoyos económicos a sectores de la población vulnerables como el apoyo a las mujeres de 60 a 64 años, aunque ya dijo que será gradual y ello, en razón de la disponibilidad de recursos.
La realidad es que la progresividad de la cobertura de los programas sociales heredados del anterior gobierno se come buena parte del Presupuesto y si a ello le agregamos el pago de la deuda y sus intereses, pensiones, rescate de Pemex y CFE, terminar las obras de AMLO, entre tantos compromisos presupuestales que tiene el gobierno federal como las participaciones a las entidades federativas y el gasto corriente de la administración publica, pues no hay de donde sacar el billete que se requiere para cumplir las promesas de campaña.
Todo cuesta; no hay que olvidar que cualquier promesa de los políticos que no venga acompañada del soporte presupuestal etiquetado, que tan solo en pura demagogia.
En este sentido, ¿cuales de las promesas de Sheinbaum se quedarán en eso y cuales se cristalizarán? Tan solo será cuestión de tiempo para observar en que estatus se quedan, pero , en muchos de los casos, se tendrán que quedar con las ganas los optimistas si piensan que en el próximo año ya se verán resultados tangibles de la gestión de Claudia.
Hay voces que señalan que sería mejor que la nueva administración escogiera con exactitud qué acciones de gobierno va a emprender o cuales nuevas obras de infraestructura va impulsar, para focalizar y maximizar los recursos públicos.
La Presidenta debe empezar por ordenar las finanzas públicas, retirarse de la tentación de conservar la filosofía estatista con medidas restrictivas en la participación de la iniciativa privada en diversos sectores de la economía, y luego escoger las batallas que va a librar.
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