POR: LILY ORTIZ
Ley Nicole: una reforma que México debe escuchar
En Durango, la aprobación en Comisión de Justicia, en el Congreso del Estado; de la llamada Ley Nicole no es solo un avance legislativo: es un parteaguas moral, y es que por primera vez, el Estado reconoce de manera explícita algo que durante décadas se dejó a la deriva: las cirugías estéticas en menores de edad no pueden depender del criterio social, del permiso familiar ni de la moda del momento. Deben estar reguladas, limitadas y supervisadas; y cuando no son necesarias para la salud, deben estar prohibidas.
La historia que dio origen a esta Ley ya es dolorosamente conocida; Paloma Nicole, una joven de 14 años, perdió la vida tras someterse a una cirugía estética que nunca debió haberse realizado: innecesaria, riesgosa, sin justificación médica y sin límites legales que la impidieran. Su caso destapó un vacío que nadie había querido ver: en Durango, como en la mayor parte del país, y es que no existía una ley que estableciera edades mínimas para los procedimientos estéticos invasivos. El cuerpo de niñas, niños y adolescentes quedó durante años en manos del criterio de terceros, en un terreno donde la presión social y la desinformación pueden más que la prudencia.
La iniciativa impulsada por la diputada de Morena, Sandra Amaya, pero que también presentó el GPPRI, viene a corregir esa omisión histórica. La llamada Ley Nicole prohíbe las cirugías estéticas en menores de 18 años, salvo en casos estrictamente reconstructivos o terapéuticos, y establece sanciones severas para quienes las practiquen, autoricen o permitan sin sustento médico. Además, refuerza la penalización por usurpación de profesión, un elemento crucial en un sector donde la charlatanería ha causado tragedias.
Esta reforma, aprobada ya en comisión, coloca a Durango en un lugar que no había ocupado y es a la vanguardia nacional en la protección de la niñez frente a la industria estética; lamentablemente no es porque el Estado haya buscado distinguirse, sino porque la realidad lo obligó.
Pero más allá del avance jurídico, la Ley Nicole abre una discusión de fondo que México tiene pendiente:
¿Quién protege a las y los menores ante una sociedad que exige cuerpos perfectos antes de exigir bienestar emocional?
¿Quién establece límites cuando la estética se ha convertido en un producto aspiracional que promete aceptación inmediata?
¿Quién vigila cuando los adultos incluidos padres, tutores y profesionales de la salud fallan en proteger lo más elemental que es la vida?
Durango hoy responde con una iniciativa que debe si o si aprobarse en el Congreso del Estado y que no solo eso, sino que debería replicarse a nivel nacional, porque la presión estética y la mercantilización del cuerpo adolescente no son fenómenos locales: son realidad en todo el país. La muerte de Nicole no puede convertirse en una estadística más ni en una historia que se repita en otro estado por falta de normas.
De llegarse aprobar esta ley, sería sin duda, un paso histórico, pero también una advertencia. Las autoridades cumplen con poner límites; ahora toca a la sociedad entenderlos, respetarlos y asumir que la integridad de una niña o un adolescente no se negocia, no se opera, no se arriesga.
La Ley Nicole es, ante todo, un llamado a la conciencia; un recordatorio de que cuando una legislación nace del dolor, tiene la obligación de transformar ese dolor en protección. Durango sembró un precedente: que nunca más una menor de edad pierda la vida en una mesa de cirugía estética. Que nunca más la ausencia de ley sea cómplice de una tragedia.
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