POR: LILY ORTIZ
Menstruación digna: más que insumos, una deuda de información y dignidad
Hablar de menstruación digna en México y particularmente en Durango no puede reducirse únicamente a la entrega de toallas sanitarias o tampones; si bien el acceso a productos de higiene es una necesidad básica, el verdadero fondo del problema es más profundo: la carencia histórica de información, orientación y educación integral sobre el ciclo menstrual.
Durante décadas, la menstruación se ha tratado como un asunto privado, incómodo y hasta vergonzoso. Se susurra, se esconde, se disimula; y en muchas familias todavía se evita nombrarla con naturalidad; en las escuelas, el tema suele abordarse de manera superficial y técnica, sin perspectiva emocional ni social. El resultado es que miles de niñas enfrentan su primera menstruación con miedo, desinformación y sensación de anormalidad, y no es que lo sea, sino porque nadie les explicó que se trata de un proceso fisiológico natural, parte esencial de la salud reproductiva.
En México se han dado pasos importantes, como la eliminación del IVA a productos menstruales y la creciente discusión pública sobre pobreza menstrual. En Durango, incluso, se han impulsado acciones como centros de acopio para mujeres privadas de la libertad y se ha puesto sobre la mesa el impacto del ausentismo escolar vinculado al periodo. Sin embargo, seguimos atendiendo los síntomas y no la raíz.
Mientras no exista una educación menstrual clara, científica y libre de prejuicios desde la infancia para niñas y también hay que decirlo, para niños
seguiremos reproduciendo estigmas. La menstruación no es una enfermedad, no es un padecimiento anormal, no es algo que deba vivirse en secreto, mucho menos es motivo de vergüenza. Es un proceso biológico que ocurre cada mes y que, paradójicamente, sigue siendo tratado como si fuera un error que debe ocultarse.
La falta de información adecuada genera consecuencias reales: ausencias escolares, inseguridad emocional, prácticas antihigiénicas por desconocimiento, mitos que limitan actividades físicas o sociales. Cuando una adolescente no entiende qué ocurre en su cuerpo, no solo enfrenta incomodidad física; enfrenta incertidumbre, miedo y, muchas veces, burlas.
La menstruación digna implica acceso a productos, sí, pero también implica baños adecuados, agua potable, espacios seguros y, sobre todo, educación sin tabúes. Implica que una niña pueda decir “estoy en mi periodo” sin bajar la voz. Implica que un niño lo escuche sin burlarse, implica que las políticas públicas no solo distribuyan insumos, sino que construyan conciencia.
Porque la dignidad no se entrega en una bolsa con toallas sanitarias; se construye cuando la información sustituye al mito, cuando el diálogo reemplaza al silencio y cuando la sociedad entiende que menstruar no es un problema: es parte de la vida.
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