Juvenal Rosales Flores
Acontecer Político
Cansados de promesas que no se cumplen y al sentirse ignorados por el gobierno federal, los productores de la región de los Llanos ya no aguantaron más y bloquearon la autopista Durango–Torreón, a la altura del entronque a Guadalupe Victoria, como medida de presión para exigir algo tan básico como el cumplimiento de la apertura de los centros de acopio que el gobierno federal había prometido para el 10 de noviembre.
Hoy, casi a finales de mes, no existe tal apertura. Y la paciencia del campo tiene límite, por lo que la ausencia de centros de acopio no solo es un retraso administrativo; es una tragedia económica. Sin un precio de garantía funcionando, los productores están malbaratando su frijol entre 8 y 10 pesos el kilo a los intermediarios, los coyotes, quienes siempre encuentran cómo sacar ventaja del abandono institucional.
“Nos tienen hasta la chingada, les vale madre”, expresó Rubén Ibarra, representante del Sistema Producto Frijol en Durango, reflejando el hartazgo generalizado, ya quelo que antes era una solicitud, ahora es una exigencia, lo que antes era confianza, hoy es reclamo al pedir una mesa de diálogo conjunta con los productores de Zacatecas.
Los productores no piden privilegios; piden ser escuchados y no tratados como actores secundarios en la economía nacional. Su molestia es proporcional al abandono que perciben.
Lo más grave es que sus demandas han sido minimizadas. Un año agrícola que prometía ser positivo ahora amenaza con convertirse en desastre. El frijol está listo para acopiarse a 27 pesos, precio acordado por el propio gobierno, pero el programa simplemente no inicia, dejando al campo en incertidumbre total.
Los costos de producción se han disparado y no se cubren con precios de miseria. El campo no solo necesita lluvias, necesita reglas claras, certidumbre y un gobierno que acompañe. Sin un precio justo, toda la cadena productiva se desmorona y el productor queda desprotegido ante el mercado.
Los campesinos han tenido diálogos con autoridades, sí, pero diálogos que se han quedado en promesas vacías. Mientras tanto, las bodegas siguen llenas de frijol del ciclo pasado, lo que complica aún más la salida del nuevo producto. La falta de planeación se ha convertido en el principal enemigo del campo.
El descontento ya es evidente. En lugar de estar en sus parcelas trabajando y cerrando el ciclo agrícola, los productores están en carreteras y plantones. No por gusto, sino por necesidad. El campo debería estar produciendo alimentos, no manifestaciones. Pero cuando el gobierno falla, la protesta es la única herramienta para ser escuchados.
La región de los Llanos produce alrededor de 130 mil toneladas, cifra que debería representar orgullo y prosperidad, pero que hoy es un problema. Sin acopio, sin compradores y sin precio, esa abundancia se vuelve tormento. Los productores están prácticamente regalando el frijol a 8 pesos para evitar que se pierda.
Por eso, entre sus exigencias más claras está que el gobierno compre la mayor cantidad de frijol posible. No piden dádivas; piden que se active el mecanismo institucional para absorber el volumen, estabilizar el mercado y evitar que el coyotaje siga lucrando con la necesidad de los campesinos.
A la zona acudió Ismael Ayala Salazar, representante de la Secretaría de Agricultura en Durango. Escuchó, tomó nota y reconoció que él no podía dar solución porque las decisiones están atoradas en Ciudad de México. Mesas de diálogo que avanzan con lentitud desesperante han generado frustración e incertidumbre. Entonces, ¿quién está fallando?, ¿quién debe dar la cara y no lo hace?
Para rematar, a nivel nacional la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, minimizó las protestas del campo insinuando que tenían “trasfondo político”. Un discurso cómodo, fácil y desgastado. ¿Es político exigir que se cumpla una fecha? ¿Es político pedir que se compre el frijol a precio justo? Lo verdaderamente político es negar la realidad del campo para evitar admitir un fracaso administrativo que ya estalló en las carreteras del país.